Kerala: mujeres y calidad de vida

Las mujeres de Kerala han contribuido decisivamente a que en ese estado se dé algo parecido a lo que llamamos “sociedad del bienestar” o “calidad de vida”

Aunque la India ha experimentado en las últimas décadas una importante mejoría en los niveles de calidad de vida, sus déficits siguen siendo inmensos.

La India tiene escasez de agua y de electricidad. Lo que obliga al gobierno a buscar soluciones a corto plazo que son muy agresivas con el medio o con las poblaciones más vulnerables (como los tribales desplazados por la construcción de presas). Los niveles de polución de la atmósfera son escalofriantes (Nueva Delhi ya figura en el primer lugar del ranking mundial de polución), y los niveles de contaminación de las aguas son enormes. Todavía cientos de millones de indios no tienen acceso a agua potable ni disponen de sanitarios privados o públicos en condiciones. La contaminación industrial (y la impunidad de las empresas que la generan) es legendaria. Recuérdese el desastre de Bhopal, la catástrofe industrial más grave de todos los tiempos (3.000 muertos y 25.000 tullidos para el resto de sus vidas). En muchos rincones de la India siguen dándose mini-bhopales. Los slums o barrios de chabolas urbanos continúan siendo horrorosamente inmensos. Y no se reducen. Aunque no hay escasez alimentaria, en la India todavía un porcentaje muy alto de la población tiene severos problemas de malnutrición o pasa hambre. En suma, la calidad de vida de millones de indios, en lo que a vivienda, alimentación o salud respecta, es extremadamente precaria. Casi un 40% de la población está por debajo de la línea de pobreza, lo que para los parámetros indios significa que están ¡al borde de la inanición!

Ciertamente, las diferencias regionales en calidad de vida pueden ser muy grandes. No es lo mismo nacer en Bihar, el estado más pobre del país, que en Kerala, que sin ser uno de los más ricos, sí es el que posee mayor calidad de vida.

El caso de Kerala es doblemente interesante porque posee una renta per cápita baja, tiene una tasa de desempleo elevada y no recibe ayuda exterior. ¿Cuál es, entonces, la clave que explique los apreciables niveles de calidad de vida de Kerala? Obviamente, se da una concatenación de factores, pero hay uno que es digno de resaltar: el rol y el empoderamiento de sus mujeres. Como los cooperantes y las oenegés saben desde hace tiempo, en cualquier parte del mundo las mujeres invierten sus ganancias (o los microcréditos que puedan recibir) en alimentación, vestimenta, salud y educación. Ayudar a las mujeres es beneficiar a la comunidad. Van algunos datos.

En 1981 sólo el 1,5% de los niños de Kerala tenía malnutrición severa, cuando la cifra para el resto de la India era del 6,1%. La esperanza vida en Kerala es hoy incluso superior a la de los afroamericanos de Estados Unidos. El nivel alfabetización es superior al de cualquier provincia de China. Kerala posee (a pesar de su deficiente economía), la mayor tasa de reducción de la pobreza en India. Y una muy buena tasa de reducción de la natalidad.

Es muy significativo que Kerala está a la cabeza de la India en el ratio entre mujeres y varones. De hecho, es el único estado de la Unión donde hay más mujeres que hombres (en una proporción de 1084 contra 1000; cuando el promedio de la India era –a causa del aborto selectivo de niñas– un escuálido 940 en el censo del 2011). También está a la cabeza en esperanza de vida femenina, en mayor participación femenina en el mundo laboral, en alfabetización femenina (con un 92%; cuando en la India era del 65% en 2011) y, en particular, la de mujeres dalits (intocables). Asimismo, va por delante en la menor mortandad de niñas, en menor porcentaje de mujeres con anemia; y un largo etcétera.

Aún distando mucho de estar en condición de igualdad respecto al varón, la situación promedio de las mujeres en Kerala es significativamente mejor que en el resto de la India. Y las mujeres de Kerala han contribuido decisivamente a que en ese estado se dé algo parecido a lo que llamamos “sociedad del bienestar” o “calidad de vida”.

Algo tendrá que ver el tradicional sistema matrilineal y matrifocal de Kerala (por el cual las hijas y no los hijos heredaban las tierras y posesiones; y por el cual ellas no transitaban al hogar del marido, sino que permanecían en la propiedad familiar de sus madres), propio de las castas más importantes de la región. Como también la “inversión” en educación que realizaron los maharajas de Kerala a lo largo de los siglos xix y xx. O los movimientos reformistas progresistas, como los de Narayana Guru, de ciertas asociaciones cristianas o del Partido Comunista de Kerala. Todos esos factores han otorgado a la mujer keralita una fuerza y poder que carecen otras mujeres de la India.

Las buenas noticias están en que –siguiendo en parte las recomendaciones del nobel de economía Amartya Sen– el estado de Kerala sirve hoy de modelo a otros estados en la India. Se ha entendido que invertir en educación, en especial en la de las jóvenes, es dotarles de una agencia y un poder que serán inmensamente positivos para la sociedad.