Kerala: marco religioso

A diferencia de otros estados de la India, en Kerala las relaciones y proporciones entre las distintas religiones son más armoniosas. Eso no significa que estén libres de tensiones, pero es un hecho que en Kerala la convivencia entre distintas religiones lleva muchos siglos funcionando. Todavía en la ciudad de Kottai puede verse en una misma manzana un templo hindú junto a una mezquita, una iglesia y una vieja sinagoga (ya en desuso).

Los hinduistas forman el 54% de la población (una cifra inferior al 79% de media nacional), los musulmanes el 25% (frente al 14% nacional), los cristianos el 18% (frente a un 2%). Cada una de estas grandes tradiciones posee sus subdivisiones (por ejemplo: cristiano-sirios, anglicanos, católicos, protestantes, etc.). A su vez, cada una tiene sus templos, festivales, costumbres alimenticias o matrimoniales. Además, existen minorías de jainistas, sikhs o judíos. Si bien su presencia es hoy testimonial, han influido notablemente en el desarrollo de la cultura malayali.

Un danzarín theyyam, con su máscara característica, dispuesto a ser poseído por la divinidad.
Sacerdotes de la altísima casta namputiri realizan el ritual védico del Agnichayana, que dura varios días y tiene más de 3.000 años de antigüedad.

En Kerala (y en ningún otro lugar de la India) todavía puede verse un ritual védico (¡de más de 3.000 años de antigüedad!) dirigido por sacerdotes de casta namputiri-brahman, que lo han transmitido con meticulosa exactitud –en un arcaico sánscrito ya ininteligible para la mayoría– durante más de 120 generaciones.

En el otro extremo del espectro socioritual, en el mes de febrero puede verse en determinados templos del norte del estado a los asombrosos danzarines theyyam, hombres de casta muy baja que son poseídos por la divinidad y entran en trances espectaculares durante el festival del templo.

Kaladi, no lejos de Ernakulam, es el lugar donde supuestamente nació Shankaracharya, el más aclamado filósofo de las tradiciones hindúes, sistematizador del Vedanta Advaita, entre los siglos VIII y IX.

Típica imagen popular del maestro Shankara, uno de los pensadores más brillantes de la historia india.
El santuario de Aiyyapam, en Sabarimalai, durante la peregrinación anual.

La riqueza espiritual del estado –en sintonía con el resto de la India– es proverbial; como muestra la multitudinaria peregrinación a Sabarimalai, un santuario en la frondosa selva de los Ghats, donde millones de devotos hindúes acuden anualmente para rendir culto a Aiyappam, que es algo así como la divinidad nacional de los keralitas.

El país está repleto de templos, áshrams, iglesias o santuarios sufíes donde se vive la religión con la máxima intensidad. Y no pasa mucho tiempo sin que se tope uno con algún festival, procesión o peregrinación local.